Misión
Proclamar el evangelio de la gracia de Jesús para transformar vidas y comunidades.
Hechos 20:24 – “Dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”Como familia de fe, vivimos para proclamar a Cristo, fortalecer familias, formar discípulos y reflejar los valores del Reino de Dios en todo lo que hacemos.
Proclamar el evangelio de la gracia de Jesús para transformar vidas y comunidades.
Hechos 20:24 – “Dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”Ver familias transformadas en Cristo para vivir el propósito de Dios e impactar sus entornos en todo el mundo.
Hechos 16:31 – “Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos.”Una vida rendida a Dios, dispuesta a responder con prontitud y entrega.
1 Samuel 15:22Amamos a Dios y a nuestro prójimo.
Mateo 22:37–39Caminamos juntos como una familia de fe.
Salmos 133:1Le damos a Dios lo mejor de nosotros.
Colosenses 3:23Perseveramos; no somos de los que retroceden.
Hebreos 10:39Nuestra cultura no está definida únicamente por lo que decimos, sino por cómo caminamos juntos como familia espiritual. Por ello, afirmamos con convicción Las Siete T’s: Compromisos de Casa, que guían nuestra manera de amar a Dios, relacionarnos unos con otros, servir con excelencia y vivir con propósito.
Honramos a Dios con nuestra presencia, nuestra puntualidad y nuestras prioridades. Dios es primero, y Su presencia y Su casa son una prioridad en nuestra vida.
Vivimos una fe real, honesta y sin máscaras. Caminamos en amor, verdad y rendición de cuentas, creando una comunidad sana y segura.
Permitimos que Dios nos cambie continuamente para impactar a otros. Creemos en un Dios que restaura, renueva y transforma vidas desde adentro hacia afuera.
Vivimos una fe que se refleja en nuestro carácter, conducta y relaciones. Nuestra vida diaria honra a Dios dentro y fuera de la iglesia.
Ponemos nuestros dones y habilidades al servicio de Dios y de nuestra familia de fe con excelencia. Servimos con gratitud, pasión y un corazón dispuesto.
Vivimos con un corazón generoso que sostiene la obra de Dios y bendice a otros. Reconocemos que todo lo que tenemos proviene de Él y lo administramos con fidelidad.
Vivimos para dejar un legado que honre a Dios y bendiga a las próximas generaciones. Pensamos más allá del presente y sembramos con visión eterna.
Estas Siete T’s no son reglas impuestas, son compromisos asumidos voluntariamente por una familia que ama a Dios y camina unida.
Creemos que cuando vivimos estos compromisos:
En Casa de Dios, decidimos caminar juntos con propósito, vivir el evangelio con integridad y reflejar el corazón de Cristo en todo lo que hacemos.
Casa de Dios es una iglesia Cristo céntrica, bíblica y guiada por el Espíritu Santo, no denominacional, arraigada en una doctrina sólida y dirigida por la presencia activa del Espíritu Santo. Abrazamos la autoridad de las Escrituras como verdad absoluta, la gracia de Dios como el fundamento de la salvación y la obra continua del Espíritu Santo como esencial para la vida y la misión de la Iglesia.
Nuestra identidad teológica refleja un equilibrio entre la convicción evangélica y la expresión carismática, honrando los dones del Espíritu con orden, discernimiento y propósito.
Existimos para glorificar a Dios, edificar Su Iglesia y extender Su Reino en la tierra, a través de vidas transformadas por Su Palabra y empoderadas por Su presencia.
Estas convicciones expresan lo que creemos acerca de Dios, Su Palabra y Su plan redentor para la humanidad. Nos guían en todo lo que enseñamos, vivimos y proclamamos.
Creemos que la Biblia es la Palabra inspirada, infalible e inmutable de Dios, la autoridad final en todo asunto de fe, conducta y doctrina.
La Escritura revela el carácter de Dios, Su voluntad, el camino de salvación y la guía práctica para vivir una vida que le agrada. El Espíritu Santo ilumina al creyente para comprender y aplicar la verdad divina en toda circunstancia.
Creemos en un solo Dios verdadero, eterno y soberano, existente en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo — iguales en esencia, distintos en función.
Creemos que Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, con propósito, dignidad y libre albedrío.
El diseño original de Dios era que el hombre viviera en comunión con Él, reflejara Su gloria y administrara Su creación con justicia, amor y responsabilidad.
Creemos que el pecado entró en el mundo por la desobediencia del ser humano, trayendo corrupción, sufrimiento y muerte espiritual.
Toda la humanidad ha sido afectada, quedando separada de Dios y necesitada de redención. El pecado distorsiona la identidad, la moral y las relaciones, pero no destruye el plan eterno de Dios para restaurar al ser humano.
Creemos que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres. Su sacrificio en la cruz pagó el precio del pecado, y Su resurrección garantiza vida eterna a todo aquel que cree.
La salvación es un regalo inmerecido de la gracia de Dios, recibido únicamente por fe, no por obras humanas. Jesucristo es el centro de nuestra fe y la expresión perfecta del amor del Padre.
Creemos que el Espíritu Santo es Dios activo en el mundo hoy. Él convence de pecado, guía a la verdad, da poder para el testimonio, distribuye dones espirituales y produce fruto de carácter en los creyentes.
Su obra es continua y esencial para la vida cristiana y el crecimiento de la iglesia. Afirmamos que los dones espirituales siguen activos hoy, tal como en la iglesia primitiva.
Deben ejercerse con discernimiento, amor y orden, siempre sujetos a la Escritura y buscando edificar a la iglesia antes que exaltar al individuo.
Creemos que la salvación es por gracia y no por obras. El ser humano, por naturaleza, está perdido a causa del pecado y no puede salvarse a sí mismo.
Solo a través del sacrificio perfecto de Cristo en la cruz recibimos perdón y reconciliación con Dios. La gracia no es licencia para pecar, sino poder para vivir en libertad, obediencia y propósito.
Creemos que la justificación es un acto legal y espiritual en el que Dios declara justo al creyente por medio de la fe en Cristo.
La santificación, en cambio, es un proceso continuo mediante el cual el creyente es transformado por el Espíritu Santo a la imagen de Cristo. Somos justificados de una vez y para siempre, pero santificados día a día a través de obediencia, disciplina espiritual y rendición al Señor.
Creemos que la Iglesia es el cuerpo de Cristo, compuesta por todos los creyentes redimidos. Fue establecida por Cristo, edificada por el Espíritu Santo y enviada al mundo para glorificar a Dios.
Su propósito es adorar, discipular, servir y proclamar el evangelio del Reino. Somos una familia espiritual llamada a vivir en unidad, amor y servicio mutuo, reflejando el corazón de Cristo.
Creemos que la Iglesia existe para extender el Reino de Dios en la tierra. La misión no es opcional, sino parte esencial de nuestra identidad como iglesia.
Nuestra tarea es predicar a Cristo, hacer discípulos y servir con compasión, demostrando el amor de Dios en acción. No somos una iglesia centrada en sí misma, sino una iglesia enviada, con visión de Reino.
En la iglesia primitiva, los oficios de apóstol y profeta tuvieron un papel único en el establecimiento del fundamento del evangelio y la doctrina.
Creemos que esos oficios fundacionales pertenecieron al primer siglo, pero reconocemos que Dios sigue levantando personas con funciones apostólicas y proféticas para extender Su Reino, bajo el marco del orden bíblico.
Honramos también los ministerios de pastores, maestros y evangelistas, entendiendo que todos existen para equipar a los santos, servir al cuerpo de Cristo y cumplir la Gran Comisión.
Creemos que Dios estableció un diseño de autoridad y responsabilidad: el hombre es llamado a liderar con amor e integridad; la mujer, con igual valor y dignidad, complementa y fortalece el llamado del hombre como ayuda idónea y colaboradora en el ministerio y en el hogar.
Creemos que la familia fue instituida por Dios como el núcleo fundamental de la sociedad y el reflejo de Su diseño divino.
El matrimonio es una unión sagrada y permanente entre un hombre y una mujer, establecida por Dios para amor, compañerismo, multiplicación y propósito.
Rechazamos toda distorsión del diseño original de Dios para la familia y afirmamos el valor sagrado de la vida desde la concepción hasta la muerte natural.
Creemos que todo lo que tenemos proviene de Dios, y somos llamados a administrar con fidelidad los recursos que Él nos confía.
Rechazamos el evangelio de la prosperidad que distorsiona la motivación espiritual del dar y pone el énfasis en lo material.
Sin embargo, afirmamos que la Biblia enseña principios de prosperidad genuina, donde la obediencia, la generosidad y la integridad financiera abren puertas de bendición. Dios prospera a Su pueblo no para acumular riqueza, sino para cumplir Su propósito y bendecir a otros.
Creemos que los hijos de Dios son llamados a vivir como embajadores del Reino en medio de una cultura cambiante.
Nuestra fe no se ajusta a las corrientes del mundo; nuestra vida refleja los valores del Reino de Dios: verdad, justicia, humildad, compasión y santidad.
Somos llamados a influir, no a imitar; a iluminar, no a adaptarnos. Rechazamos toda forma de relativismo moral y defendemos la verdad absoluta de la Palabra de Dios con amor y valentía.
Creemos que Jesucristo volverá de manera personal, visible y gloriosa, tal como prometió.
Su regreso traerá la consumación del Reino de Dios, la resurrección de los muertos, el juicio final y la restauración de todas las cosas.
Esta esperanza nos impulsa a vivir en santidad, fe activa y perseverancia, esperando con gozo Su venida.
Casa de Dios cree en un solo Dios trino, revelado en Su Palabra, que salva por gracia, santifica por Su Espíritu y llama a Su Iglesia a glorificarle hasta el regreso de Cristo. Nuestra teología se centra en Cristo, se sostiene en la Escritura y se expresa en el poder transformador del Espíritu Santo.

Con más de 25 años sirviendo en el Reino de Dios, Oscar continúa apasionado por edificar una iglesia saludable, centrada en la presencia de Dios y en la transformación de vidas.
Su llamado es edificar discípulos, levantar líderes y fortalecer familias para impactar la comunidad con el amor de Cristo.

Con más de 15 años sirviendo al lado del Pastor Oscar, Ramón ha desarrollado un ministerio marcado por el amor, la lealtad y el cuidado por las personas.
Su pasión es conectar a cada familia nueva con el corazón de Cristo y ayudarles a encontrar su lugar en Casa de Dios.
Honramos su dedicación, su compromiso y su espíritu de servicio.

Por más de 10 años ha sido parte de Casa de Dios, sirviendo con un corazón entregado a la visión y una gracia especial para administrar con amor, orden y excelencia.
Valoramos su compromiso, su fidelidad y su invaluable servicio en la edificación de esta casa.

Con más de 15 años caminando al lado del Pastor Oscar, Raúl continúa levantando un ministerio enfocado en la adoración genuina, creando atmósferas donde la iglesia puede encontrarse con la presencia de Dios y guiando al pueblo a exaltar el nombre de Jesús.
Honramos su entrega, su fidelidad y su corazón para ministrar al Señor y a Su iglesia.

Con más de 5 años sirviendo con compromiso en Casa de Dios, Alex —maestro de profesión— ha desarrollado un ministerio enfocado en la enseñanza y el discipulado, ayudando a cada persona a crecer en su fe, identificar sus dones y vivir el propósito de Dios para sus vidas.
Valoramos su preparación constante, su corazón dispuesto y su compromiso con la formación de discípulos.

Con más de 10 años sirviendo con entrega en Casa de Dios, Armando ha desarrollado un ministerio enfocado en las nuevas generaciones, con una gracia especial para conectar con los adolescentes, guiarlos en su crecimiento espiritual y afirmando su identidad en Cristo.
Honramos su dedicación, su fidelidad y su compromiso con esta generación.

Con más de 25 años de experiencia en el sistema de escuelas públicas, Gina sirve con un profundo amor por las nuevas generaciones y una pasión por enseñar la Palabra de Dios, sembrando fundamentos firmes en Cristo en cada niño.
Valoramos su entrega, su experiencia y su compromiso en formar vidas firmes en Cristo desde la niñez.